(Publicado en mi blog antiguo el jueves 24 de septiembre de 2009)
Esto es continuación de YO EMPIEZO
- Presumo de conocerte bien, y te noto extraño.
- Lo estoy.
- ¿Por?
- Esto va mal.
- ¿A qué te refieres?
- A todo. A mi vida. A la humanidad. Al planeta. Al futuro... A todo.
- Sé más explicito.
- ¿Realmente crees que puede interesarle a alguien que sea más explícito?
- A mí me interesa.
- En fin. Hay indicios suficientes para suponer que, en breve, va a obrarse un cambio gigantesco en el mundo. Son muchos los que tal piensan. Muchísimos los que no quieren pensarlo, aunque lo intuyen. Y es inmensa la mayoría de los que no saben de qué estoy hablando. Pero los indicios, reitero, son suficientes. Así que, como es natural, estoy extraño. Muy extraño.
- Acojonado, vamos.
- No. Acojonado, no. No tengo ningún miedo. Me da más miedo la posibilidad de que ese cambio no llegase.
- ¿Lo deseas, entonces?
- En absoluto. Simplemente, lo creo necesario.
- Espera. ¿Esto que me cuentas es lo que quieres desarrollar en esa nueva sección que titulas 'INDICIOS'?
- Sí. Pero no tengo claro que vaya a poner en marcha esa sección. La gente es tan necia y tan cruel que puede volverse en mi contra el tratar de ayudarles. Y ni siquiera tengo claro que sirva intentarlo. Quizás sea demasiado tarde y, más que ayudar, perjudique. No sé que debo hacer.
- Pues, chico, yo tampoco. Es un asunto delicado. ¿Podrías adelantar algo de tus conclusiones?
- Desde luego. En primer lugar, todas mis conclusiones se fundamentan en un material de consulta, de referencia, digamos, que puede ser espurio.
- ¿Que puede ser qué? No utilices esas palabras, que nadie se entera.
- Falso. ¿De acuerdo? Es decir, que puede ser todo un engaño, como un gran truco para equivocarnos.
- ¿Un ejemplo?
- Hoy se declara una guerra y yo saco mañana un documento falso de hace doscientos años, en el que se profetiza esa guerra. ¿Entiendes?
- Perfectamente.
- Bien. Te decía, pues, que, en primer lugar, mis conclusiones se fundamentan en un material que puede ser falso. En ese caso, bendito sea Dios, que aquí no pasa nada. Pero, en segundo lugar, puede que ese material no sea falso, sino verdadero. Y entonces sí que la hemos liado porque, atando cabos, la que se avecina es gorda.
- ¿Cómo de gorda?
- Pues tan gorda como que el mismo que profetizó los atentados de la Torres Gemelas, y cuarenta mil cosas más que se han cumplido y se están cumpliendo religiosamente, asegura en sus vaticinios que nos quedan dos telediarios.
- Ya. ¿Y quién ese tío?
- Ese hombre prodigioso, al que tú llamas "tío" con desprecio, es Benjamín Solari Parravicini, un fenómeno de la clarividencia comparable a Nostradamus. De hecho, se le apoda "el Nostradamus del s. XX". Y, a Nostradamus y a Solari, súmales otros ochocientos que coinciden en lo mismo.
- ¿En que nos quedan dos telediarios?
- Exacto.
- ¡Pues vaya cuerpo que me estás poniendo, cabrón!
- ¿Ves lo que te digo?
Esto es continuación de YO EMPIEZO
- Presumo de conocerte bien, y te noto extraño.
- Lo estoy.
- ¿Por?
- Esto va mal.
- ¿A qué te refieres?
- A todo. A mi vida. A la humanidad. Al planeta. Al futuro... A todo.
- Sé más explicito.
- ¿Realmente crees que puede interesarle a alguien que sea más explícito?
- A mí me interesa.
- En fin. Hay indicios suficientes para suponer que, en breve, va a obrarse un cambio gigantesco en el mundo. Son muchos los que tal piensan. Muchísimos los que no quieren pensarlo, aunque lo intuyen. Y es inmensa la mayoría de los que no saben de qué estoy hablando. Pero los indicios, reitero, son suficientes. Así que, como es natural, estoy extraño. Muy extraño.
- Acojonado, vamos.
- No. Acojonado, no. No tengo ningún miedo. Me da más miedo la posibilidad de que ese cambio no llegase.
- ¿Lo deseas, entonces?
- En absoluto. Simplemente, lo creo necesario.
- Espera. ¿Esto que me cuentas es lo que quieres desarrollar en esa nueva sección que titulas 'INDICIOS'?
- Sí. Pero no tengo claro que vaya a poner en marcha esa sección. La gente es tan necia y tan cruel que puede volverse en mi contra el tratar de ayudarles. Y ni siquiera tengo claro que sirva intentarlo. Quizás sea demasiado tarde y, más que ayudar, perjudique. No sé que debo hacer.
- Pues, chico, yo tampoco. Es un asunto delicado. ¿Podrías adelantar algo de tus conclusiones?
- Desde luego. En primer lugar, todas mis conclusiones se fundamentan en un material de consulta, de referencia, digamos, que puede ser espurio.
- ¿Que puede ser qué? No utilices esas palabras, que nadie se entera.
- Falso. ¿De acuerdo? Es decir, que puede ser todo un engaño, como un gran truco para equivocarnos.
- ¿Un ejemplo?
- Hoy se declara una guerra y yo saco mañana un documento falso de hace doscientos años, en el que se profetiza esa guerra. ¿Entiendes?
- Perfectamente.
- Bien. Te decía, pues, que, en primer lugar, mis conclusiones se fundamentan en un material que puede ser falso. En ese caso, bendito sea Dios, que aquí no pasa nada. Pero, en segundo lugar, puede que ese material no sea falso, sino verdadero. Y entonces sí que la hemos liado porque, atando cabos, la que se avecina es gorda.
- ¿Cómo de gorda?
- Pues tan gorda como que el mismo que profetizó los atentados de la Torres Gemelas, y cuarenta mil cosas más que se han cumplido y se están cumpliendo religiosamente, asegura en sus vaticinios que nos quedan dos telediarios.
- Ya. ¿Y quién ese tío?
- Ese hombre prodigioso, al que tú llamas "tío" con desprecio, es Benjamín Solari Parravicini, un fenómeno de la clarividencia comparable a Nostradamus. De hecho, se le apoda "el Nostradamus del s. XX". Y, a Nostradamus y a Solari, súmales otros ochocientos que coinciden en lo mismo.
- ¿En que nos quedan dos telediarios?
- Exacto.
- ¡Pues vaya cuerpo que me estás poniendo, cabrón!
- ¿Ves lo que te digo?
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